“Esto muestra la falta de curiosidad de los hombres respecto de la exactitud de los hechos y de las verdades más accesibles en materia de política e historia, así como su capacidad para sostener convicciones sin fundamento, incluso cuando han sido refutadas por las informaciones más elementales”.

Tal como observa Tucídides al comienzo de la Guerra del Peloponeso (siglo V a. C.), los hombres tienden a aceptar sin examen las tradiciones y los relatos, en lugar de investigar la verdad.”

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